19 noviembre 2011

La nómina del horror








Fuente Página/12
- El 1º de enero fue asesinada Sofía Bianco en el barrio de Villa Urquiza. Tenía 9 años. La mataron apuñalándola junto a su madre, Silvina Mehaud, de 44. El ataque sucedió en la vivienda que compartían con Juan Carlos Bianco, de 47 años, esposo de Mehaud y padre de la niña. Bianco, quien se habría realizado cortes en los brazos, fue internado en calidad de detenido. Mehaud había hecho denuncias por maltrato.
- El 5 de febrero murió Jeremías, de tres meses, en Santa Fe. Su mamá, de 15 años, lo tenía en brazos, cuando en medio de una discusión con su pareja y padre de la criatura, de 23 años, él se lo quitó y lo tiró contra el piso, lo que le provocó un estallido de cráneo. El bebé fue llevado de urgencia a un hospital, pero murió minutos más tarde.
- El 17 de marzo fue asesinado Agustín Bernal, de cinco meses, en el Barrio Toba, de Rosario. La información periodística indicó en ese momento que “tras discutir violentamente con su pareja porque tramitó una exclusión de hogar, Osvaldo Hugo Bernal, de 35 años, se encerró en un dormitorio de su casa con sus hijos, donde asesinó al menor de ellos, de sólo cinco meses, cortándole el cuello con un cuchillo”. También hirió a otro hijo, de cinco años. Bernal quedó detenido acusado por el delito de “homicidio calificado por el vínculo y alevosía”, una figura que es penada con prisión perpetua.
- El 2 de abril, Josefina Reyna, de dos años, murió en un hospital de Rosario, tras seis días de estar internada. Había recibido un balazo. El culpable del ataque sería su padre, el policía José Alberto Reyna, de 28 años. El hecho sucedió el 27 de marzo, en el domicilio particular de su ex pareja y madre de la niña, Débora Aranda, de 24 años. Con ella mantuvo una áspera discusión verbal, luego alzó a la pequeña niña, se encerró en el baño, inmediatamente se escucharon dos disparos, uno lo recibió la menor en la cabeza y con el otro balazo se suicidó.
- El 13 de abril, un nene de cuatro años fue asesinado en el barrio porteño de Flores por su padre. El hecho sucedió en un inquilinato donde vivía la familia. Todo comenzó cuando el hombre, de nacionalidad boliviana, identificado como Angel, de 50 años, llegó a la vivienda y comenzó a discutir con su pareja, identificada como Javiera, de 38 años, de nacionalidad peruana. En medio de la disputa tomó un cuchillo de la cocina, se abalanzó sobre ella y la apuñaló. La víctima recibió dos profundas puñaladas en el cuello y en el pecho, por lo que cayó gravemente herida al piso de la cocina. Tras el ataque a su pareja, el hombre fue hacia la habitación donde estaba su hijo de cuatro años, a quien le asestó una puñalada en el cuello provocándole la muerte inmediata. Tras el ataque el agresor se suicidó.
- El 9 de mayo fue asesinado Lucas Lautaro, de cinco años, en la localidad bonaerense de José C. Paz. Por el hecho fue detenido su padrastro, de 20 años, quien le dio una feroz paliza a su pareja y madre del niño.
- El 13 de junio fue muerta Jaquelin Bárbara Cruz, de 3 años, en Alto Comedero, Jujuy. La asesinaron estrangulándola. El culpable sería su padre, el policía Fabio Santos Cruz, de 26 años, quien tras el ataque se habría suicidado. Los cuerpos fueron hallados por Leonor Mercado, madre de la niña y pareja del policía cuando regresó al domicilio, luego de su trabajo de vendedora.
- El 2 de agosto fueron asesinados dos hermanitos, un niño de 7 y una niña de 4 años, junto a su madre, María Noel Martiri, de 26, que estaba embarazada de seis meses. El triple crimen tuvo lugar en El Calafate, Santa Cruz. El culpable habría sido el policía Alejandro Benítez, padre de las criaturas y pareja de Martiri. El femicida, tras el ataque, se suicidó.
- El 12 de agosto falleció Ignacio Pedraza, de un año y meses, en Capitán Bermúdez, Santa Fe. Lo asesinaron arrojándolo contra una pared. A su madre, Eliana Gauna, de 21 años, la apuñalaron. Los ataques sucedieron en la vivienda que compartían la madre y el niño. Detuvieron como presunto culpable a un joven de 19 años, con quien Gauna mantendría una relación sentimental. Al parecer, ella habría querido poner fin al noviazgo.
- El 30 de agosto fueron asesinados Andrea Rodríguez, de 12 años, y Cynthya y Jorge Maldonado, de 7 y 4, en Lomas del Mirador, Corrientes. Las tres criaturas fueron degolladas, en su vivienda. El culpable habría sido la ex pareja de su mamá. El hombre, tras los ataques, se suicidó. Zunilda Maldonado, de 42 años, madre de las víctimas, logró escapar. La mujer relató a la prensa cómo comenzó la tragedia al llegar su ex pareja a la vivienda: “Yo le iba a dar todas sus cosas para que se vaya y no venga más, trajo una flor y una bolsa de caramelos para los chicos. Me dijo que quería hablar conmigo y yo le respondí que en la vereda. Entró y ahí comenzó el ataque”. Una semana antes, el hombre le habría pegado un martillazo en la cabeza a otro de sus hijos, un niño de 10 años. Maldonado relató que en esa oportunidad denunció al padrastro de sus hijos en la Comisaría de la Mujer y pidió custodia policial y aseguró que no fue escuchada.
- A comienzos de septiembre se produjo el crimen de Alexandra Micaela y Maximiliano Nicolás Alem, de 8 y 11 años, en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires. Los balearon mientras dormían. El agresor habría sido su padre, quien estaba separado de la madre de los chicos. El ataque ocurrió después de una discusión entre ambos.
- El 27 de octubre fue asesinado Jorge Osvaldo Videla, de 9 años, en Ramallo, provincia de Buenos Aires. Lo asesinaron asfixiándolo. Detuvieron a su padre, de 31 años. La mamá estaba separada del imputado.

Otros cuerpos donde se dirime la violencia

Fuente Página/12

Las mujeres no son las únicas víctimas de la violencia machista. Los chicos también lo son. El asesinato de Tomás pone sobre el tapete cantidad de casos semejantes. Las opiniones de Eva Giberti y Ada Beatriz Rico.






 Por Mariana Carbajal
El asesinato de Tomás Damero Santillán puso en evidencia un escalofriante número de casos (ver aparte) en los que los niños terminan siendo una víctima más de la violencia de género en el país. “Te voy a pegar donde más te duele”, la habría amenazado a Susana Santillán su ex, Adalberto Raúl Cuello, detenido como principal sospechoso e imputado por el homicidio. Aunque aún no está probada su culpabilidad, el caso genera gran conmoción. Pero existen otros donde una ex pareja se venga en medio de una separación, ultimando a sus hijos. Es más frecuente que sea el propio padre de las criaturas. Al menos otros 16 chicos y chicas –de entre tres meses y doce años– resultaron muertos como consecuencia de la violencia machista en el último año en el país, de acuerdo con el relevamiento que lleva adelante el Observatorio de Femicidios en Argentina, de la ONG La Casa del Encuentro. Cinco de ellos fueron asesinados por la ex pareja de su madre. “El varón agresor lo que quiere es destruir física o psíquicamente a esa mujer, que considera de su propiedad. Pareciera que las mujeres no pueden decidir sobre sus vidas. Cuando deciden separarse, reciben el peor castigo”, señaló Ada Beatriz Rico, directora general del observatorio. “Es lo mismo que cuando las incendian. En este caso (a la mamá de Tomás) la ha incendiado por dentro”, graficó Eva Giberti, titular del Programa Las Víctimas contra las Violencias, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
“¿Sabe lo que significa para una mujer la culpa en un caso como éste? Ella queda viva. Pero ¿con qué preguntas? Muchas de esas mamás, cuyos hijos son asesinados por sus ex, terminan con problemas psicológicos, internadas. Estamos haciendo un seguimiento. Cuántas de ellas se preguntan qué hubiera pasado si no se separaban. Es terrible”, añadió Rico, al ser consultada por este diario. Cofundadora de La Casa del Encuentro, Rico reclamó campañas masivas y permanentes de concientización sobre la violencia de género para poder prevenirla. “Generalmente se limitan a dos fechas en el año: el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y el 25 de noviembre, Día de la No Violencia hacia las Mujeres.” Además, “debería existir un 0800 a nivel nacional que brinde orientación a las mujeres sobre dónde pueden pedir ayuda cerca de donde viven”, agregó.
El asesinato de Tomás tiene algún punto de encuentro con el de Candela Sol Rodríguez, ocurrido en agosto: en ambos casos, el cuerpo de los niños se convierte en campo de batalla de disputas entre adultos. Pero el caso del homicidio de Tomás viene a poner sobre el tapete la cantidad de asesinatos de niños signados por la violencia machista contra la mujer.
“Los agresores son personas comunes. No son monstruos. Mi tesis es que la crueldad de los sujetos se está incrementando en la medida en que adquieren conciencia (de sus derechos) las mujeres. Lo que infiero y sospecho es que (Cuello) tenía en mente hace rato el asesinato del nene. Fue un delito con alevosía y premeditación. Es muy llamativo el video que colgó en Internet donde se muestra dando de comer a su hijo de pocos meses. Es muy raro que un hombre se filme en esa situación. Además, está la amenaza: ‘Te voy a pegar donde más te duele’”, analizó Giberti, como ejemplo de cómo los niños pasan a ser considerados una extensión sensible de la propia madre, donde golpear para hacerle daño a ella. La experta observó, además, la situación paradójica en que quedó Susana Santillán en relación con la maternidad del hijo de siete meses que tuvo con Cuello. Puede ser el hijo del asesino de su otro hijo.
El relevamiento de femicidios que lleva La Casa del Encuentro a partir de los casos publicados en medios de todo el país incluye también a otras víctimas de violencia sexista. En la categoría “femicidios vinculados” ubican los asesinatos de niñas y niños, la mayoría de ellos hijos de la víctima, que también resultan asesinados en el marco de la violencia de género. A lo largo de 2011 registraron 16 homicidios de chicas y chicos, con edades que oscilan entre tres meses y doce años. “El fin del femicida es matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce dominación. Y en esa búsqueda matan a personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer”, indicó Rico. La lista es escalofriante.

17 noviembre 2011

Proyecto de Oficina de Asistencia a Víctimas

Una médica legista, reconocida por su proyecto de asistencia en casos de violencia de género

Por Silvina Molina
La médica legista Patricia Gallardo fue reconocida este jueves con el premio "Compromiso" de la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires por su proyecto para crear una oficina que asista a víctimas de violencia y abuso, iniciativa que surgió tras sus 18 años experiencia como forense.

"Yo atiendo a las personas desde que vienen a contarme que son insultadas hasta las que vienen con moretones o fracturas, y muchas veces, más tarde, las encuentro en la mesa de autopsia", aseguró en diálogo con Télam, tras recibir el premio en la ciudad de La Plata. 
De esta manera, la médica relata el círculo de la violencia que, en general, comienza con la psicológica y emocional, luego pasa a la física, y en muchas ocasiones, termina con el asesinato de la víctima.

Lo que ha visto a lo largo de los años como forense, primero en la policía y ahora en el Poder Judicial es que la víctima “hace la denuncia, le dan un oficio, tiene que ir al cuerpo médico policial, donde si no hay médicas -dato importante porque la víctima en general se siente mejor con una mujer- tiene que ir a un hospital”, explica.

Y el camino sigue, porque -cuenta Gallardo “en el hospital hay que conseguir una ginecóloga si es mayor o una pediatra si se trata de una menor, y se debe contar con una instalación adecuada para hacer la revisión física”.

Luego “una vez que se toman las muestras, tiene que volver a la policía, enviarlas por correo policial a La Plata, y si necesita contención psicológica, hay que pedir turno en un hospital, en una organización social o en el mismo juzgado”, sigue la legista.

Si la persona abusada requiere medicación “también hay que buscar un psiquiatra y luego encontrarle un hogar, para lo cual es necesaria una asistente social que le busque el lugar más adecuado y seguro”, continúa Gallardo, dando cuenta en toda esta enumeración el largo camino por el que tiene que atravesar la víctima.

Gallardo destaca la importancia del asesoramiento legal “para que la víctima sepa los pasos a seguir, para que le informen sobre la restricción que tiene el violento para acercarse y otros términos y derechos, que en la mayoría de los casos, desconoce”.

Gallardo define todo este proceso como “descuartizar” a la víctima “por eso, es fundamental centralizar la atención en un solo lugar, contar con un equipo interdisciplinario, y estar a disposición las 24 horas los 365 días del año”.

Así, resume su proyecto, cuyo eje es “evitar que la persona afectada deambule sola, sin acompañamiento, sin dinero”.

Otro dato que no se le escapa a Gallardo es la importancia del trabajo en red “con el hospital, con organizaciones sociales especializadas, con psicólogos y con personal policial que colabore”.

Para evitar la revictimización, la médica suma la necesidad de contar con un móvil propio “a disposición del equipo, porque la víctima no puede ser trasladada en un patrullero: eso le genera miedo y la volvemos a victimizar”.

La idea de Gallardo es poder armar la oficina en un espacio no institucional “porque me ha pasado de tener que cruzar, en un pasillo de una comisaría, a víctima o victimario, o realizar un examen genital a una niña abusada en lugar no apto”.

La oficina que propone y por la que fue distinguida se organizará en el polo judicial de Avellaneda, donde Gallardo ya tiene profesionales identificados que se han capacitado en la temática.

Gallardo reconoce que el trabajo que realiza es “muy duro, pero la satisfacción es poder salvar vidas o reivindicar a las víctimas cuando se hace un buen trabajo forense, para que la justicia cuente con las pruebas adecuadas cuando juzga a los violentos”.

“Muchas veces el círculo de la violencia es cíclico porque las victimas no siguen al no estar acompañadas, se cansan, no tienen dinero, y yo, no quiero ver más golpes, no quiero ver más muertas por violencia”, finaliza.

26 septiembre 2011

Las cifras que tienen género



Un informe del PNUD destaca que la Argentina es el país más igualitario de la región respecto de la participación activa de las mujeres en la vida económica, profesional y particularmente política. La falta de trabajo afecta más a las mujeres.






 Por Emilio Ruchansky
El informe del PNUD sobre género fue presentado ayer con un panel de especialistas.
Imagen: Sandra Cartasso.
Según un informe difundido ayer por Naciones Unidas, Argentina es el país más igualitario de la región respecto “de la participación activa de las mujeres en la vida económica, profesional y particularmente política”. Los indicadores en salud y educación también las favorecen, al igual que su progresiva inserción en el mercado laboral. Sin embargo, este último crecimiento es desigual. “Seguimos ganando menos que hombres que tienen el mismo puesto y conseguimos menos puestos jerárquicos que ellos”, señaló Gabriela Catterber, integrante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quien presentó junto a otras especialistas el estudio “Género en cifras: mujeres y varones en la sociedad argentina”.
El informe, analizado en el hotel Loi Suite en el barrio porteño de Recoleta, tiene como objetivo “la formulación de estadísticas con enfoque de género”, dijo Martín Santiago Herrero, representante local del PNUD. En lo laboral, señala el estudio, si bien la tasa de desempleo se redujo para ambos géneros, la falta de trabajo afecta más a las mujeres. La franja etaria con más inserción, agrega, es la de las adultas de 35 a 44 años, donde “7 de cada 10 son remuneradas”. Este ascenso contiene su desigualdad, debido a la división sexual del trabajo: “Muchas deben aceptar empleos flexibles y por pocas horas semanales, por lo general precarios”.
En este punto el estudio, disponible en la web, distingue la segregación horizontal y la vertical. La primera cataloga ciertas ocupaciones como “femeninas”, a las que considera emblemáticas: servicio doméstico, atención de personas, enseñanza y las actividades secretariales. La segunda refiere a la concentración de mujeres en puestos de menor jerarquía, aunque tengan la misma calificación que los varones que los ostentan. De hecho, sólo ocupan el 34,2 por ciento de los puestos directivos, según los datos del informe recabados en 2009 y comparados con otros de 1999.
“En parte se debe a cuestiones socioculturales”, explicó Catterber. Luego detalló: “Hoy las trabajadoras madres son más aceptadas, pero tienen tareas más heterogéneas que los hombres, que tienen una distribución del tiempo más compacta y se dedican a trabajar. Las mujeres tienen una dinámica diaria más relacionadas con sus hijos, ajustan su jornada laboral y trabajan menos”. “La igualdad de oportunidades no es un problema técnico, es un problema político”, subrayó a su turno Mariana Gras, de la Subsecretaría para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.
Por su parte, Rosalía Cortés, secretaria de la Comisión Directiva del Instituto de Desarrollo Económico y Social, destacó la inserción laboral de mujeres de sectores medios y altos con educación en las zonas urbanas. “En los ’90 se dio algo muy paradigmático. Las que son de clases bajas salieron a buscar trabajo y tuvieron mucha más participación que ahora. En las crisis, las mujeres de bajos ingresos mejoran su situación”, observó. Esta investigadora también señaló la baja en la participación femenina en los programas de capacitación del Ministerio de Trabajo. “Era de 80 por ciento en 2006 y bajó al 55 en 2010”, informó.
En el ámbito educativo los logros de las mujeres argentinas son destacables. “No sólo han equiparado sino también superado los logros de los varones. En los niveles terciarios y universitarios son un 30 por ciento más que los hombres”, indica el informe basado en estudios de la UBA, el Ministerio de Educación de la Nación, el Conicet, entre otros. El avance en la formación académica tuvo sus resultados en el campo científico, donde se mantiene la segregación vertical pero las investigadoras igualan en cantidad a los hombres.
Por otra parte, el informe señala que, sin importar la edad, las mujeres tienen hábitos alimentarios más saludables y presentan, particularmente las más jóvenes, “una incidencia de sobrepeso menor que ellos”. Al reflexionar sobre este punto, Marita Perceval, subsecretaria de Promoción de Derechos Humanos del Ministerio de Justicial nacional, enumeró los desafíos. “Hay que seguir insistiendo en políticas activas en salud sexual y reproductiva en los espacios de prevención y del cuidado, toda vez que el aborto sigue siendo la primera causa de muerte materna”, dijo.
Para reflexionar sobre la violencia fue invitada Eva Giberti, coordinadora del programa Las Víctimas contra las Violencias, dependiente de la cartera de Justicia nacional. La especialista mencionó una variable “que no se debe desconocer, el avance de hombres sensibles”. Como ejemplo mencionó a Néstor Kirchner y al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en tanto impulsores de espacios para combatir la violencia familiar y sexual. Este tema, informó, sigue teniendo exclusivamente a las mujeres como blanco. El 90 por ciento de los delitos sexuales son contra ellas, el resto contra niños y niñas de 0 a 15 años.

Plazo contra la violencia de género

La joven fue violada por tres “criollos” en un pueblo del Impenetrable chaqueño. Maltratada por la policía, el médico y la Justicia, finalmente su reclamo llegó a la ONU. El Comité de DD.HH. emplazó al Estado a que tome medidas para evitar nuevos casos.







 Por Mariana Carbajal
Cuando tenía 15 años, L.N.P., una adolescente de la etnia qom de un pequeño pueblo chaqueño del Impenetrable, fue violada por tres jóvenes “criollos” del lugar. A pesar de que la amenazaron para que se callara, ella hizo la denuncia. Pero la delegación policial local demoró en tomarla y la envió luego a un centro sanitario donde sufrió severos malos tratos. Durante el proceso judicial, se investigó especialmente su experiencia sexual previa. Y tomando como uno de los fundamentos que la chica no era virgen al momento del ataque, un tribunal de la ciudad Presidente Roque Sáenz Peña absolvió a los acusados, en una causa plagada de prejuicios de género y discriminación racial. El Comité de Derechos Humanos de la ONU acaba de dictaminar que en ese caso se violaron los derechos humanos de la joven. Y le indicó al Estado argentino y en particular al gobierno de Chaco que tienen la obligación de implementar medidas para que no se repitan atropellos similares, en particular, asegurar el acceso de las víctimas de violencia, incluidas las agresiones sexuales, a los tribunales en condiciones de igualdad.
“Entre las reparaciones hemos exigido capacitación en género al Poder Judicial; creación de servicios de atención a víctimas de violencia con personal capacitado, y otras medidas. Algunas se han implementado pero de manera parcial y acotada mayormente a la ciudad de Buenos Aires. Pero este es un país federal, con 24 provincias y todas las mujeres tienen derecho a disfrutar de esos servicios”, explicó a Página/12 la abogada Susana Chiarotti, directora de Insgenar, una de las entidades que acompañaron a L.N.P. en su demanda ante el Comité de la ONU. La denuncia fue presentada en 2007, tal como informó oportunamente este diario. El CDH es el órgano de expertos independientes que supervisa la aplicación del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos por sus Estados Parte.
La muchacha pertenece a una familia qom muy pobre, que vive de la fabricación artesanal y venta de canastos. En el dictamen, el CDH analiza en profundidad cada derecho violado por el sistema judicial durante la investigación del hecho denunciado por la adolescente y los estereotipos utilizados en el proceso. “Nombrar los estereotipos es importante para identificarlos y erradicarlos”, destacó Chiarotti.
Después de ser violada, la adolescente concurrió sola, con la ropa manchada de sangre, a la comisaría del pueblo a realizar la denuncia. La hicieron esperar alrededor de tres horas de pie y llorando. Hasta que la derivaron a un puesto sanitario donde tuvo que esperar varias horas más hasta ser atendida. La chica contó que el médico le hizo “tacto sobre la herida, lo que le produjo intenso dolor” y luego le revisaron la vagina, cuando había denunciado que la penetración había sido anal. El CDH dictaminó que la espera extensa en la policía y en el centro de salud, y la manera en que fue revisada por el médico forense, constituyen “trato cruel, inhumano y degradante”. Además, cuestionó que la sentencia de la Cámara en lo Penal de Presidente Roque Sáenz Peña –que absolvió a los acusados– centró su análisis del caso en la vida sexual de la víctima y en determinar si era o no “prostituta” y usó como argumento que no era virgen para establecer su consentimiento al acto sexual.
En ese sentido, el CDH aclaró que está prohibido investigar la experiencia sexual previa de una mujer en un caso de violencia de género, especialmente de violación, porque, entre otros aspectos, atenta contra su intimidad y vida privada, subrayó Chiarotti.
El ataque sexual que sufrió L.N.P. ocurrió el 3 de octubre de 2003 en la localidad de El Espinillo, a 400 kilómetros de Resistencia. Los tres “criollos” la amenazaron para que no los denunciara. No era la primera vez que ocurrían hechos similares con chicas y mujeres tobas violadas por hombres “criollos”, pero habitualmente se silenciaban y quedaban también impunes “por la prevalencia de una mentalidad racista”, señalaron los representantes legales de la joven en su demanda ante la ONU. La causa quedó en manos del Juzgado de Instrucción con sede en la ciudad de Castelli, a unos 80 kilómetros del pueblito donde vivía L.N.P. El juicio lo llevó adelante la Cámara en lo Criminal de Presidencia Roque Sáenz Peña, a unos 250 kilómetros de la casa de la muchacha. Aunque se probó el acceso carnal por la fuerza, los tres acusados terminaron absueltos en 2004. En el fallo, los jueces de la Cámara consideraron que “no se debe confundir la violación con la violencia propia de un acto sexual”. Las heridas sufridas por la víctima fueron atribuidas por los camaristas al “ímpetu con que se intenta la penetración” y a la “juventud del sujeto activo, edad en que la excitación sexual suele ser mucho más impetuosa y más aún ante la ingesta alcohólica, que fue reconocida por el autor y constatada por el médico, que suele producir mayor desenfreno”. La familia de L.N.P. nunca fue notificada. Y recién se enteró dos años más tarde.
Mientras se tramitaba la denuncia en la ONU, las entidades demandantes comenzaron a negociar con el gobierno de Chaco una serie de medidas reparatorias por el daño sufrido por L.N.P. La mayoría se cumplieron, entre ellas, una indemnización de 53 mil dólares, una pensión vitalicia, y una vivienda. Además, el 23 de abril de 2009, el gobierno chaqueño, en un acto público sin precedentes, le pidió perdón a la joven. A nivel nacional, una de las medidas reclamadas por las entidades también se cumplió: la sanción de una Ley Nacional Integral sobre Violencia contra las Mujeres, que aprobó el Congreso en 2009 y fue reglamentada por un decreto presidencial en 2010. Pero queda pendiente la implementación de medidas en todo el país para que ninguna otra mujer pase por una situación similar al denunciar una violación. El CDH le dio 180 días al Estado para cumplir con ese compromiso.

03 agosto 2011

Por los diarios

Hoy en la oficina una compañera me pasó la siguiente dirección web
Lo leyeron?
Le prestaron atención al comentario de un "alto jefe policial" sobre la voluntad demostrada por la persona para concurrir al lugar donde la violaron?
Ya saben mujeres, si van a algún sitio donde supongan que puedan ser violadas, no vayan por su propia voluntad ...

12 julio 2011

¡Mami, por fin lo dije!

Por Liliana Mizrahi *
Hace 50 años me sucedió esto que quiero contar hoy. ¿Para qué? Cincuenta años después. Para que se sepa, para que otras chicas, como era yo entonces, se enteren, para que otras madres como mi mamá, se aviven. Porque sigue pasando hoy igual que ayer. Para, por fin, decirlo.
Yo tenía 17 años, estaba en el último año del secundario y cursaba el ingreso a la Facultad de Filosofía, carrera de Psicología, todas las noches en el Nacional de Buenos Aires.
No me acuerdo qué síntoma tenía, pero mi madre consideró necesario que viera a su propio ginecólogo, de suma confianza, de mucho prestigio, y un señor muy serio, muy bien, por eso, según ella, podía ir sola, no era necesario acompañarme. Me mandó y fui.
El señor ginecólogo se alegró mucho de verme “¿solita?”, y supuestamente se interesó en mí. Comenzó a preguntarme cosas que para mí no venían al caso, pero para él sí: si yo era virgen, si tenía novio, si él me tocaba y hasta dónde, y cosas por el estilo. Yo, en ese momento, no era la que soy hoy. Era obediente, muy sumisa y bloqueada. Creía en todos, menos en mí.
El señor doctor me pidió que me desnudara, yo le dije que era friolenta, que sólo la parte de abajo. El sonrió complaciente. Yo era una nena ingenua, cándida, tonta. Me acosté en la camilla ginecológica, él me ayudó, todo era muy paternal y a mí me parecía verdadero, a partir de ahí comenzaron las caricias para relajarme, muchos toqueteos y otros gestos ambiguos que me confundían bastante. Estaba paralizada de miedo. Pero lo mío no era sospechar, era confiar, no iba yo, tremenda tonta, a desconfiar de un profesor de máxima confianza y prestigio, para mi mamá y mis tías.
—¡Qué sequita estás!
Me refregó bastante con alguna crema antes de colocarme el espéculo. Y una vez con el espéculo de metal adentro, comenzó a refregarme el clítoris, así el espéculo me iba a doler menos porque me iba a relajar, eso decía el bastardo. Yo estaba cada vez más tensa y confusa. Desgraciado médico, pienso ahora. Me tocó todo lo que quiso, dándome explicaciones médicas, técnicas de por qué lo hacía. Yo, cada vez más incómoda y más sola. Me extrajo flujo de la vagina e hizo unos frotis o extendidos. Yo con el espéculo, mientras él cada tanto seguía refregando para que me relajara. Por fin, me sacó el maldito aparato, me revisó el ano, no sé para qué, y me mandó a vestir. Me pidió que ahora me sacara la parte de arriba. Me sentó frente a un microscopio para que yo viera mis propios extendidos vaginales coloreados, mientras él me tocaba las tetas y me explicaba acerca de los ciclos monofásicos, que no entendí porque me erizaba la forma en que me acariciaba. Tenía 16 años, cursaba Introducción a la Historia con el profesor Arocena y estábamos leyendo a Marc Bloch, que me encantaba.
Quería huir desesperadamente de ese consultorio, de ese médico, de esa sala llena de mujeres esperando. Cuando al fin vestida, el profesor, doctor Hijo de Puta-ginecólogo, me invitó a que volviera al día siguiente que él iba a estar solo y entonces podría estudiarme con más tiempo. Me pidió por favor que fuera, que la investigación sobre mis falsas enfermedades iba muy bien. Me dijo que al día siguiente me esperaría sin falta. Estaríamos solos y con tiempo. Yo sin palabras me fui. Dudé si tendría que volver o no. No me daba cuenta de qué se trataba. No fui. No tenía con quién consultar, pero no fui. Qué suerte. En la clase de historia no pude entender nada. Llegué a mi casa, se lo conté llorando a mi vieja, que me dijo que seguro todo era mi imaginación. Me retó y que ella siempre me decía que no inventara tanto, que al final mi imaginación me iba a hacer mal, como ahora. ¡Es siempre tu imaginación! Me dijo que no lo contara de ninguna manera porque era un médico excelente y con mucho nombre, y que me olvidara de una buena vez. No pasó nada. Yo siempre supe que sí, que algo había pasado. No sabía cómo se llamaba lo que había vivido, sabía que estaba sola con esto. Nunca lo pude olvidar. Olvidé la calle y el nombre de este bastardo, pero podría llegar hasta la puerta perfectamente. El edificio está a una cuadra de Callao.
Hoy escribo esto, con el corazón latiendo a mil. ¿Para qué decirlo ahora?
Cuando leí en Página/12 la nota de Mariana Carbajal, y también la de Susana Velázquez, pensé que decirlo es decir: esto mismo que le pasó a esta joven de 27 años, profesora del Comahue, me pasó a mí hace varias décadas y sigue pasando. Entonces, lo escribo para que las niñas, jóvenes y mujeres, sepan que esto existe y mucho más. Para que estén alertas, para que el miedo no las paralice como a mí, para que sepan que no son ellas las que están haciendo algo indebido sino los otros, para que no teman levantar la voz para denunciar, para que sepan que a veces las propias madres se equivocan y muchas veces no es bueno obedecer. Para que se sepa que la ginecología y la obstetricia son especialidades donde se cometen abusos, atrocidades y perversiones de todos los colores. En otras especialidades también, pero ginecología, en medicina, es el “retorno de lo reprimido”.
¡Mami, por fin lo dije! Que lo sepan todos, qué me importa. Mami, ¿desde el cielo me escuchás? ¡Por fin lo dije!
* Psicóloga y escritora.

De como justificar una guerra a través de la protección de las mujeres

Una bomba silenciosa

Publicado en Página/12

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Por Juan Gelman
Pocos tal vez recuerden que Laura Bush ejerció de feminista extrema cuando abogó por guerrear en Afganistán para terminar con “la opresión de las mujeres” bajo los talibán. Hubo toda una campaña internacional previa en favor de los derechos pisoteados de la mujer afgana y su “liberación” fue uno de los argumentos que EE.UU. y sus aliados reiteraron para invadir Afganistán el 7 de octubre de 2001. Como es notorio, el régimen talibán fue derrocado en noviembre, y en diciembre se estableció un gobierno de transición encabezado por Hamid Karzai, elegido presidente por el voto popular en 2004 y tal vez reelecto en las elecciones del jueves pasado.
Era más que duro y humillante el estatuto de la mujer afgana bajo el régimen talibán. Desde los 8 años tenían prohibido entrar en contacto con un hombre, excepto que fuera un familiar. Las mujeres no debían andar solas por la calle ni hablar en voz alta en público ni podían asomarse al balcón de su casa ni estudiar ni trabajar ni andar en bicicleta o en motocicleta o en taxi con el rostro descubierto, tenían que vestir burkas y de hecho vivían en arresto domiciliario. El castigo a las que violaban estas normas era público y cruel. A ocho años casi de tumbado el sistema, las cosas no han mejorado mucho.
Es cierto que algunas mujeres ocupan bancas en el Parlamento afgano y que millones de niñas asisten ya a la escuela primaria. Pero las restricciones aumentan para cursar la secundaria: sólo el 4 por ciento alcanza a terminarla. “La violencia contra las mujeres es endémica, son amenazadas en público y varias han sido asesinadas” (The Washington Post, 18.8.09). El “democrático” Karzai ha empeorado esta condición.
El 27 de julio último, quizás aprovechando los estrépitos de la guerra, puso una bomba silenciosa: la ley del estatuto personal chiíta, que faculta a los chiítas hombres a privar a sus mujeres de alimentación y sustento si éstas se niegan a obedecer sus demandas sexuales cuando las exijan. Los derechos de custodia de los niños quedan en manos de los padres y los abuelos y ellas deben pedir permiso a los maridos para trabajar. Las mujeres sólo pueden abandonar su domicilio si existe “un motivo legal urgente”. Esta ley rige para la minoría chiíta del país y viola el artículo 22 de la nueva Constitución afgana, que declara que hombres y mujeres “tienen los mismos derechos y obligaciones ante la ley”. También transgrede la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, de la que Afganistán es Estado Parte. Y más, claro: reimpone un régimen hogareño que los talibán aplaudirían a rabiar.
Karzai produjo un primer intento de promulgar estas regulaciones a comienzos de abril de este año, pero la protesta internacional lo obligó a prometer su modificación y, en efecto, se introdujeron algunas correcciones. Más bien en su redacción: “Expertos en la ley islámica y activistas de derechos humanos declaran que, aunque se ha cambiado el lenguaje de la ley anterior, permanecen muchas de las disposiciones que alarmaron a los grupos pro derechos de la mujer” (The Guardian, 15.8.09). Por ejemplo, la del tamkeen –señalada más arriba– que califica de “desobediente” a la mujer que no muestra prontitud en satisfacer el deseo sexual de su marido y que recibe entonces la penalidad consecuente: no hay sexo, no hay comida.
El presidente afgano destinó esta movida a ganarse el apoyo electoral de los chiítas ante el aumento alarmante de la popularidad de su contrincante más cercano, Abdulá Abdulá, que pasó en dos meses del 7 al 26 por ciento de la intención de voto. A pesar de sus promesas de mejorar la situación de las afganas, Karzai optó por satisfacer a quienes piensan todavía que la mujer es un objeto desechable. Durante la campaña electoral cortejó al ayatolá Mosheni, que se considera a sí mismo el líder de los chiítas del país, y a otros dirigentes musulmanes de línea dura. La consecuencia sería esta ley.
“Karzai ha cerrado el trato impensable de vender a las mujeres afganas a cambio del apoyo de los fundamentalistas en las elecciones del 20 de agosto”, señaló Brad Adams, director para Asia de Human Rights Watch (Reuters, 14.8.09). “Se suponía que esta clase de leyes bárbaras –agregó–- había sido relegada al pasado con el derrocamiento de los talibán en 2001.” Muchos críticos de la ley han recibido amenazas de muerte que se cumplieron con Sitara Achkzai, una prominente defensora de los derechos de la mujer que fue asesinada a balazos en Kandahar (www.hrw.org, 15.4.09). Pero Occidente aún no ha reaccionado ante las nuevas disposiciones. Tal vez porque Obama subrayó que la guerra en Afganistán no sólo es justa, también es necesaria.

19 mayo 2011

Su ... golpe es justificado?

Recapitulemos. Les propongo un ejercicio difícil, ya lo se. Pero igual se los propongo, se que me van a acompañar. Tratemos, acompáñenme en esta difícil tarea de tratar de comprender sin dejarme ganar por la bronca. Que difícil que es esto!

Hace un tiempo que vemos en los medios masivos la gran cantidad de mujeres que a diario son víctimas de la violencia de género. Es una realidad, triste, pero realidad palpable. Si hasta en algunos medios han cambiado su maldita costumbre de denominar a aquellos homicidios con víctimas mujeres como CRIMENES PASIONALES, si hasta ellos entendieron que allí no había pasión posible, sino un homicidio con todas las letras.

Cómo puede ser que en el día de ayer, en un canal con mucho rating, en un horario central, una conocida … como catalogarla, periodista no es, entrevistadora tampoco, actriz ya no o sí? Presentadora? Puede ser, negociemos esta forma de presentarla. Una conocida presentadora, que tiene muchísimos seguidores, en su gran mayoría mujeres, en su gran mayoría también de sectores humildes, pueda preguntarle a una entrevistada, muy suelta de cuerpo, si había hecho algo para provocar que la golpearan?

Cómo es posible que los responsables del canal no hayan salido a disculparse, como esta persona, a esta altura personaje capaz de preguntar si un dinosaurio estaba vivo, no pidió disculpas en nombre de las mujeres que cada 3 días son asesinadas en nuestro país. Ella que según confesó fue víctima de la violencia doméstica, siguió diciendo que ella misma había golpeado a sus parejas con algunos objetos o simples cachetadas y hasta se animó a darle consejos a la entrevistada. Patético es poco, casi podría decirles que criminal.

Señora Susana Giménez, espero que recapacite y pida disculpas y en breve ver en su programa algún especialista en violencia de género que explique de que va la problemática y como las mujeres, esas mismas que lloran cuando logran comunicarse con ud. entiendan que no hicieron nada que provoque el golpe que les dio su pareja.

Párrafo aparte merece la entrevistada. Una modelo, mediática, que hizo de sus problemas personales primeras páginas de publicaciones de chismes, que luego de denunciar haber sido víctima de violencia de género participó de una producción fotográfica donde se “lookeaba” como una víctima, con sangre, golpes y carteles alusivos, los cuales leídos en forma libre podían llegar a dar el mensaje “Amo el dolor” o algo así. Una nueva burla a cada gota de sangre derramada, a cada ojo en compota soportado, cada hueso roto, cada puerta cerrada con llave, cada día pasado con terror, cada noche sin dormir, cada paliza y cada muerte.

Intento olvidarme de los personajes que están involucrados y quiero darles la oportunidad de mirarlas sin prejuicios, sin preconceptos pero no puedo. Como tampoco entiendo la falta de solidaridad con las mujeres víctimas de violencia de TODOS LOS MEDIOS que desde ayer repiten en forma incansable el exabrupto de la otrora “diva de los teléfonos”.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que estas situaciones se repitan y repliquen? Yo me siento responsable si no hago nada. Por eso empiezo desde este humilde espacio, pero necesito la ayuda de ustedes. Pueden replicar este mensaje? Gracias.

30 septiembre 2010

Cien veces victima


Una niña fue violada por tres hombres adultos que, además, grabaron el episodio en un celular y lo reenviaron a sus contactos. El abuso fue denunciado y fue entonces cuando el pueblo bonaerense de General Villegas estuvo en la primera plana de las noticias: en su plaza principal se manifestaban las esposas y vecinos de los abusadores para denigrar a la niña y quitarles responsabilidad a ellos. Pasaron cuatro meses, la causa judicial siguió adelante. También el trato denigratorio hacia una niña que sigue yendo a la escuela aun cuando en los tribunales más que perseguir a los violadores se investiga sobre su corta vida, como si ella tuviera responsabilidad en el delito del que fue víctima.



Por Sonia Tessa



El abuso contra una adolescente de 15 años de General Villegas sigue cometiéndose todos los días en los tribunales de Trenque Lauquen. El expediente que investiga aquel delito, que pudo verse de celular en celular, hasta hace apenas cuatro meses, en la localidad bonaerense de 20 mil habitantes, es un compendio de las prácticas judiciales que revictimizan a quienes se atreven a denunciar agresiones sexuales. Los tres acusados, Mariano Piñero, 29 años, apodado “Papa Frita”; José María “El Potro” Narpe, 28 años, y Mario Magallanes, de 24, siguen en libertad por un recurso de eximición de prisión interpuesto en Casación. De ese modo, la chica es cada vez más vulnerable. Mientras tanto, entre los testigos que apuntan contra ella, uno prestó falso testimonio. Si bien está probada la mentira, a partir de tres declaraciones presentadas por el abogado de la víctima, no sufrió ninguna consecuencia judicial. En cambio, el juez Gerardo Palacios Córdoba considera falso lo expresado por la niña en cámara gesell, una técnica que impide las declaraciones bajo presión. Sin embargo, la perito oficial, la psicóloga Nora B. Filippa, concluye que la víctima no fabuló. Las preguntas del fiscal Fabio Arcomano refuerzan los juicios contra la víctima. Como un Quijote en medio de terreno inhóspito, el abogado Luis Tomás Correa, que representa a la familia de la chica abusada, denuncia que se dedican a investigarla a ella. Nadie entre los funcionarios judiciales responsables del caso parece recordar que su intervención debe garantizar, desde el primer momento, la protección integral de los derechos de la niña.







Durante varios días, en mayo pasado, la adolescente de 15 años que había sufrido abuso sexual en General Villegas estuvo en boca de todo el país, por el poder multiplicador de la televisión llamada nacional. Con todos los matices del caso, no hubo periodistas en la Capital Federal que se atrevieran a hacer suyos los argumentos que sí se escuchaban en el pueblo para inculpar a la víctima por la conducta de los abusadores, tres adultos que se mostraban jocosos en el celular mientras mantenían relaciones sexuales con una niña de entonces 14. La violencia era palpable, la víctima declaró que había actuado bajo coerción, porque no pudo negarse. El artículo 119 del Código Penal, que plantea una pena de 8 a 20 años de prisión para abuso sexual, depende de los agravantes. Uno de ellos está establecido en el inciso D: “Dos o más personas o con uso de armas”. Pero desde el principio el juez mostró sus prejuicios al caratular la causa como corrupción de menores y distribución de pornografía, dos delitos excarcelables. Para Palacios Córdoba no hubo violación agravada, como pedía el abogado de la querella e incluso el fiscal. Aun así, el juez rechazó el pedido de eximición de prisión, cuando el caso se hizo público. La posible prisión para los abusadores derivó en mayo en una insólita marcha de unas 250 personas en la plaza de General Villegas, donde las esposas de los abusadores defendieron su “tranquilidad”, la permanencia de los hombres en casa, culpando a la chica. Las detenciones no se produjeron. “Nunca perdieron el estado de libertad. En este momento, el recurso interpuesto por la defensa para apelar las detenciones está en Casación, que recién lo están analizando. Si lo deniegan, la prisión será efectiva”, dice Correa, consciente de que la mayoría de los habitantes de Villegas está más preocupado por su status quo que por la niña.



Una vez que el tema salió de la agenda mediática, el trámite judicial siguió su curso. Y el sexismo, una vez más, hizo de las suyas en los Tribunales. La presentación de testigos destinados a descalificar y revertir la acusación, sobre la niña de 15 años, fue una estrategia de la defensa, que no desmontaron el fiscal ni el juez. “En este momento, toda la actividad judicial está referida a investigar la vida privada de la menor, con preguntas que van más allá de lo obsceno. El fiscal lo refuerza con las preguntas a los testigos, que llegan con un libreto totalmente difamatorio, lo que me llevó a decir en una audiencia que estamos frente a gente sin escrúpulos que quiere difamar a la menor sin aportar a la causa. Con esa idea, hemos denunciado a los principales testigos. Uno de ellos nombró a tres personas, que se encargaron de desvirtuarlo”, dice el abogado de la víctima, sumido en la indignación.



Aunque los prejuicios no sean nuevos, ni exclusivos de los agentes judiciales de Trenque Lauquen, la actuación resulta revictimizante. En su libro Abuso sexual infantil, ¿denunciar o silenciar?, el juez Carlos Alberto Rozanski hace una didáctica comparación: “El trato que suele darse a las mujeres (adultas y niñas) víctimas de agresiones sexuales difiere notoriamente de la que se dispensa a quien ha sufrido un robo o una estafa. Los mitos y prejuicios de género actúan tanto a la hora de disponer medidas como en el momento concreto del juicio oral. Así, a ninguna víctima de robo se le pregunta si ‘sacudía la muñeca exhibiendo provocativamente el reloj que le fuera sustraído’, mientras que en casos de delitos sexuales se alude con frecuencia a una posible provocación por parte de la víctima”.



Acorde con esos prejuicios se tramita la causa. Correa enumera una larga nómina de situaciones que, a su juicio, son irregulares. “El juez desvirtuó los dichos de la menor, y no encuentra que haya habido violación. Por eso apelamos, porque el que planteó el juez es un delito excarcelable, al desestimar la violación agravada”, expresó el abogado.



Lo más indignante, para el profesional, es que “Palacios Córdoba los acusa de delitos que son totalmente insuficientes. Por dos razones: primero porque se desvirtuaron los dichos de la menor en cámara gesell, donde ella hace afirma que no se pudo retirar del lugar. El magistrado no le da crédito a esa palabra, no la considera”, argumenta.



En el auto de procesamiento, el juez dice, textualmente: “Cabe expresar al respecto (viene hablando de la violación) que el sentimiento de temor manifestado por la menor en la audiencia prevista en el artículo 102 bis, que le impidió resistirse del obrar de los imputados, se desvirtúa, vale decir, no se advierte al constatarlos con su declaración tomada en su conjunto y con el video obrante al folio 4, por lo tanto no encuentra acreditado en este primer acercamiento procesal los medios comisivos de violencia y amenazas necesarios para configurar el tipo penal del delito en análisis”.



Pero tres días después de la declaración de la niña, el 12 de mayo pasado, el informe psicológico firmado por Nora B. Filippa estableció que no hubo ninguna mentira, que la víctima dijo la verdad cuando expresó que “no tenía salida”. La profesional firmó un informe que afirma: “No se detectaron en esta evaluación indicadores de simulación ni de fabulación en la menor”. Por eso, Correa se indigna. “Para desvirtuar la declaración de la niña, el juez tiene que llevar un fundamento psicológico o científico, lo contrario es simplemente un pálpito o un prejuzgamiento totalmente fuera de la ley”, asevera.



Lo más doloroso entre todos los dolores que provoca la caja de pandora abierta en mayo en ese pueblo sumido en la abundancia es el desfile de los testigos que se ocupan de descalificar a la víctima. Incluso, a partir de una de las declaraciones, hay en curso una nueva denuncia de violación. “Uno de los que se presentó se quiso pasar de sabihondo, y dijo que la niña, cuando tenía 12 años, había sufrido un episodio similar. Como la violación es un delito de instancia privada, los padres hicieron la denuncia”, cuenta Correa, quien evitó detalles sobre los testimonios lesivos a la niña para no amplificar la difamación. “Han querido lesionar a la menor, ahora tendrán que demostrarlo judicialmente”, enfatiza.



En la misma línea, hace más de un mes que Correa denunció por falso testimonio a un testigo. “Para manifestar ciertas actitudes de la menor, este hombre nombró a tres personas, yo las cité y le pregunté si habían visto lo que narraba el testigo, y me dijeron que no, que algunos ni siquiera conocían a la chica, no la habían visto nunca. Pese a que las declaraciones están hechas en la misma fiscalía, mi denuncia no fue agregada al expediente”, agrega el abogado, quien subraya además que todos estos testigos fueron propuestos por el abogado defensor de los abusadores. “Y la fiscalía en algunos momentos insiste en preguntas que no conducen absolutamente a nada más que a difamar a la menor”, apunta.



La adolescente sigue yendo a la escuela, donde todos la reconocen como una buena alumna. Cuenta con apoyo psicológico pero, basado en sus conversaciones con los padres, Correa descree de su eficacia: “A veces no se sabe si la revictimiza”. La pesadilla que comenzó con el abuso, pero no parece detenerse, deteriora la vida cotidiana de esta familia de clase media baja, con cinco hijos, que debió alquilar la pizzería que les daba sustento. “La familia se está destruyendo psicológicamente. No puede ser que cualquiera vaya ante el juez y diga cualquier cosa, obscenidades”, describe Correa. El abogado no se engaña. Sabe que lo peor lo viven en la calle, día a día. “La gravedad de todo esto es que el ambiente sigue inculpando a la menor. Porque del delito no se habla, aunque sea lamentable. Sólo se habla de la víctima”.